Mes: marzo 2019

Monumentos a Cajal en Madrid o el horror a los homenajes públicos

Cajal desconfía de los abastecedores de homenajes públicos, más interesados en la foto personal y en reseña propias. Dos monumentos en Madrid, uno en el Parque de El Retiro y en el patio de entrada en la vieja Facultad de Medicina de Atocha el otro, fueron erigidos en vida del sabio. Declinó asistir a la inauguración de ninguno de ellos: le desagradaba la idea de haberse convertido en mito. “Glorificar al mito” – escribió – sirve para no imitarle; y al mismo tiempo, calmar la mala conciencia”.

Nada más pasar el zaguán del viejo San Carlos, en el patio, se encuentra “El Lápiz”. Inverosímilmente alargada, fue este el popular nombre con el que era conocida por los estudiantes de la Facultad de Medicina. La estatua por ellos mismos costeada, quizás no la mejor inspiración del chileno Lorenzo Domínguez, el artista. Un guripa, a duras penas y de malos modos, me permitió la entrada; atravesado el pórtico, se encuentra en un lateral del patio. Para mi irritación, me impidió fotografiarla. Se conserva una réplica en “El Patio de Cajal”, en el Colegio de Médicos, pero no es lo mismo; quizás mejor así, porque la original medio se desmoronó a pedazos.

Había cumplido ochenta años y, como de costumbre, se negó a asistir al acto inaugural. Le comentaron que se había congregado una bulliciosa muchedumbre de estudiantes, expectantes ante la llegada del sabio. Y una duda sacudió su conciencia: tantas veces había repetido que, en la juventud estudiosa, estaban las esperanzas de la Patria. Garrapateó apresurado unas cuartillas y “don Paco” –Francisco Tello, su colaborador más fiel- corrió Atocha abajo para leerlas. Tras él, un gentío estudiantil fue agrupándose bajo el laboratorio, allá en el Museo Velasco. Cuando en el balcón de la biblioteca apareció la figura venerable del anciano sabio, se hizo el silencio. Testigos del momento aseguran que fue la única vez que le vieron llorar.
Se encuentra frente a la Casa de Fieras, en El Retiro madrileño. Le pareció ridícula su interpretación por el escultor Victorio Macho como prócer griego, semidesnudo (“yo nunca me he desnudado delante de un hombre”).

Se negó a asistir. Lo inauguraron en solitario un 23 de abril de 1926 las “fuerzas políticas” del momento. El periódico ABC del día siguiente da a conocer “una interesante nota oficiosa”. “Según un rumor” –dice el diario-“señores que se clasifican a sí mismos de intelectuales”, pretendían, en suma, hacer una segunda inauguración menos oficialista, quizás más sincera. Y amenaza para quien se adhiera: “dormirán en la cárcel modelo alguna noche, por sabios, por ricos y por influyentes que sean”. Seguro que Cajal se sintió reconfortado por negarse a aparecer.

Después de todo, es un bello monumento: las fuentes de la vida y de la muerte reflejándose en la leve película del estanque. Un billete de banco, cuando cincuenta pesetas eran casi una fortuna, le daba merecido precio.…

Por admin marzo 4, 2019 0